Mientras la luna se posa sobre el
infinito de tu ombligo,
mis secretos se derraman como perlas en
tu sonrisa difusa.
Porque tus parpados engendran el
atentado mas soñado,
reproduciendo los tibios sonidos de mi
alma en redención.
Y caen las miradas...
como un diluvio eterno,
desde el remanso de tu nariz minúscula,
hasta el borde de tus labios de fina
seda.
Como un
lucero opaco de esperanzas,
brota
este deseo de hacerme viejo
entre
el infierno y el cielo de tus besos.
Resucita
la patria dorada
de tus
manos dibujando soles,
rebozando
el inmenso invierno de mis recuerdos.
Triunfan
esos vestigios de paz revolcada en la clemencia,
como el
imponente puñado de condenas en tu vientre,
que
rasguñan estas fantasías,
llenas
de desdichas.
Subes triunfante
a esa nube secreta,
como si
los soles y el viento
aparcaran
el polvo de mis lágrimas.
La
cruda nostalgia se hace presente
en el
trasto de este cuerpo tan seco,
recordando
soles y abriles despeinados
por
soplos de ternuras ausentes.
Esta
tregua descuelga retazos de tu aroma,
regados
por mis poros asqueados de tiempos,
pulidos
de llanto.
El
delirio se hace tibio desde el paisaje eterno
de tus
manos radiantes como mares azules,
mis
labios estrujan sabores
y se
retuercen con besos pasajeros.
Porque
aquí todavía retumban
como
flores rotas las notas de tu voz dolida,
como
abriles encerrados en nuestras nostalgias.
Como la
tormenta que trae tus ausencias,
diluvian
tus caricias eternas,
relampaguean
tus mejillas dormidas,
y los
truenos ladran el miedo de amarte,
pese al
tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario