Bajo mi cama
aúlla enterrado mi amor encadenado,
trazando tus
pupilas frías.
en aquel
sueño furioso que entorna la noche,
para quedarse
con tus miradas atadas a mis ruinas.
Despierto
escupiendo las preguntas de tu ausencia,
y desperezan las
noticias
sobre el cielo
de tu imagen sangrando,
derramándose
sobre mi camisa.
Porque estas
olas apedrean mi ventana,
mordiendo tus
sombras
o lamentando tu
boca regada de ocasos.
En frascos
flacos de sonrisas,
guardo las
puntillas de tu espina,
algunos trozos
de caricias lejanas,
los flecos de
tus dedos eternos,
y un
puñado de cicatrices vanas.
A mi paciencia
le crecen ramas,
y se abraza al
remanso de tu espalda,
como una proa
sacudiendo al mar con sus cenizas,
al compás de
aquella brisa cotidiana.
Los jazmines se
me pegan como llantos,
como tus
palabras que dislocan el fervor sembrado
sobre el humo de
mi alma mutilada
y este poema de
retazos.

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