lunes, 28 de noviembre de 2011





                                         

Como una flaca promesa que viaja por el aire
van mis versos febriles buscando la libertad,
en atardeceres negros coronando tu cuello
con la sangre de mi pecho.

Afloran las llagas de mi alma,
como la sequía sostenida de la llovizna en tus costillas finas
de fina golondrina.

Pequeños caracoles celestes
usurpan el rico sendero de tu vientre,
van enlazando sus ecos con diamantes villanos.

Tus ojos maquillan la mañana clara,
con temibles soles ausentes
y nubes con llantos de celofán
  
 

                                                   

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