viernes, 27 de abril de 2012





Sufro el parpadear en un otoño fugado, disperso en abriles congelados por la rosa que lo azora.

Los abrazos me encuentran con mis hombros enjaulados, mientras los sauces rezongan las hojas truncas, punteando mi aliento sube en la nube de tu figura y resucita el rocío postergado del alba.

Constelaciones urgen encantadas sobre tus hombros que llevan con toda rudeza de mis dedos acabados, postrados… como pájaros en la corteza de mis manos.

El alba se encrudece portando su muerte, con tu rostro… y proliferan las gaviotas disparando orquídeas sangrientas en tu vientre cristalino.

Aquel sol se ha extraviado entre los algodones rugientes del cielo, mientras cae copioso el polen por la seda clandestina que nos abriga de la virgen primavera.

martes, 24 de abril de 2012

Desayuno





 
Quiero desayunarme tu boca, endulzarme en la risa, disolverme en palabras, y posarme con un sorbo en la piel.

Pronosticar mis pasos  lejanos, poblados de fragor y tiempos enjuiciados.

Hallarte colmada, acosando sin consuelo los vientos de mi entierro.

Cortar el universo, diseminar los restos con huesos ajenos.

¡¡¡Y al fin!!!.......Nombrarte.

sábado, 14 de abril de 2012

Vacío





Vacío de ganas y  lagrimas
Vacío de silencios, vacío de alma
Vacío de remordimientos y arrepentimientos
Vacío de tristezas, vacío de  cuerpo y recuerdo.
Vacío de soledades, vacío de fracasos y ocasos.
Vacío de memorias, vacío de bondades y lugares.
Vacío de cielos, vacío de entierros  y sueños.
Vacío de esperanzas, vacío de palabras y hazañas.
Vacío de triunfos, vacío de  conjuntos y sombras colapsadas.
Vacío de sensaciones, de expresiones,
de recuerdos escondidos empotrados en ocasos.
Vacíos de suspiros encadenados en alabanzas y encuentros de otros tiempos.
Vacío de ser vos. Vacío de encontrarte y encontrarme.

lunes, 2 de enero de 2012








La tarde se deshoja sobre los cristales muertos... con sus besos

Una nota sorda, mientras, se dibuja en la aurora de su sombra

Mis dedos pintan con aliento fresco el secreto

de un verso paseado sobre la línea vacía de su sonrisa;

Donde los muertos celebran la ausencia y
sucumben los soles de mi melancolía, torcida en la brisa.

Aturdidos mis fantasmas huyen por la gota suicida de su voz, masticando el hambre de mi sangre.

Como fieras altaneras sonríen las mariposas

traficando  promesas, hacia donde nace el erotismo desnudo en sus pies eternos.

Batallando los mares se sumergen mis parpados disgregados en las olas que traen sus pasos.


Las nubes flamean como sabanas celestes, abrigando estos insomnios flacos de caricias tenues que gritan la paz de sus ojos.

 Despertare dormido con un puñado de rayos floridos, en el brillante fulgor de aquella boca ausente.

Estallan mis versos mudos en el espacio fugado, mientras las pupilas siembran nostalgia en mi noche amodorrada, supurando los amaneceres sin espanto.








jueves, 8 de diciembre de 2011


 
Mis noches traen el cadáver de las hojas,
formando el puente del sol
hacia tu vientre

El arco iris eleva  y se subleva
con el brillo sudoroso de tu piel
colmada de mi sed rebelde.

Este es el aguacero de tenerte o perderte,
mis manos son la brújula indecisa
que te persigue por los suburbios
de mi pecho desértico.

Pronunciada la noche, te acercas ligera
en estos labios que se posan
sobre la marea de tu boca llovida.

El trinar del río caudaloso
pinta de alegría tus mejillas encendidas,
trazando la llama de mi partida.

Mis lágrimas desfilan al compás de los sauces abatidos,
camino a la distancia encadenada a tu nombre
que disfraza al bosque de racimos,
de esperanza muerta.

Marchan los silencios envueltos en mis manos,
esbozando los jardines tenues en tu pelo
inmutando el rocío de la melancolía.

Mis sonrisas se asientan en lo blanco de tus estrellas,
aguardando las nubes misteriosas del horizonte,
en tus pupilas entumecidas.

Fatigados los pasos de mis llantos,
se quiebran en la cresta perversa de tu boca.
y proliferan veloces  tus risas suicidas sobre las cortinas,
tapando en sequía la ruta de mi alegría fruncida.

Dibujando los mares constantes de tus pechos tibios,
protesto el fundamento de mis manos
marchitas de silencios impunes.


Estalla en cristales indomables ese lucero
que guía la sombra de tu cintura ardida,
como la fruta cálida de aquella colina.

lunes, 28 de noviembre de 2011




Puedes caerte del precipicio de mi ventana
hacia mi cama deshojada,
y puede que el misterio de mis labios
suene con el acorde de tus besos.

O puede que en el carmesí del mar rumiante
lave las orillas de tus mejillas,
maquillando la excusa
en el parpadear de mí andar.

Quizás el fulgor de un rayo veloz
te traiga como la fragancia hallada por el aire,
hacinando la hoguera flameante en mis venas.

Pueden emerger los llantos del tiempo
como lianas en la llanura,
tus curvas de finas hierbas.

El huracán baila la serenata de fuego
a tus pies de terciopelo.
Atesorando el amanecer,
cae rendido tras los recovecos
llenos de tu olor a musa.

Mientras planto bandera,
rindiéndome en tus piernas,
que postergan la guerra de los soles
y tus palabras truncadas.

Sigiloso el olvido,
se mece sobre la luna que te consuela.
Milagrosos los rosales tibios
entre el limbo y tu rostro, 

traduciendo las culpas de mis dedos fugados
en el revés incandescente de tu figura árdida
posándose en el cristal diminuto
de una noche afligida.

Y sobre las finas ramas de un triste sauce cobarde
que decora la paciencia desértica de tus manos
acariciando las arrugas celosas de mi frente...

Los gorriones trinan en tu boca seca y sublime;
como un nido de locuras atesoradas
en el tirante del paisaje de mis horas mudas.



Inerte me despierto y ando,
escuchando el discurso
que vociferan tus párpados.
Y me propongo firmemente
sobre aquellos eneros enterrados,
a ser el alguacil de tus pasos.

En este pantano lleno de recuerdos enfermos me recuesto,
escuchando los espasmos de tu cuerpo
ensimismado con mis abrazos,
mientras el afuera se confiesa  de la sabiduría
de nuestro amor tupido de fracasos.

Voy cruzando los trópicos de tus pechos,
borrando el pasado de este invierno
repleto de fragancias alteradas
con recuerdos colgados
en la mañana evaporada.

Busco ganarle a los espejismos del destino,
y tu sonrisa dibuja con semillas el sendero perverso
que me guía y se empecina,
en camuflarse entre mis versos.

Y peregrinan las sombras oscuras
en lo inexorable de tu cuerpo tendido,
en el deseo oculto de la noche sin olvido ni hastío
y es allí donde mueren mis ganas.

Tengo una alegría tan obtusa esta noche,
que se dispersa en la colina de tus pies
calcinados por el pincel.

Mis caricias suelen ser el argumento de tu piel
calada con el suplicio de las estrellas azoradas.
Milagrosa es la aurora que celebra en tu melena,
abarcando mi sombra marchita.

He podido soportar el resplandor de tu espalda
ensangrentada con mis besos difusos.
Luces como la primavera,
con ese collar de pétalos que acaricia tu cuello.

Es mi boca la que implora

regarse de palabras al nombrarte,

y las olas han de llamar tu ausencia,

bajo el manto de la llovizna  negra

que se llena con tu esencia.